Letras de Fuego / Ciclo Nunca Más, Literatura de la Memoria / Por María Cristina Guerrero*. Compartimos el cuento “¿Dónde está Rosalía?” de esta talentosa escritora tucumana, autora de “Cuentos de la frágil humanidad”. Muchas gracias a ella.
¿DÓNDE ESTÁ ROSALÍA?
A la salida de clases un muchacho se acercó y le entregó un panfleto. Ni lo miró. Lo dobló y se deshizo de él en el canasto de la esquina. ¡Ni loca llegaba con eso a casa! Tenía muy presente las palabras de su padre que mientras movía los mostachos decía:
─ A la facultad se va a estudiar, nada de organizaciones políticas ni estudiantiles. Ya tendrán el tiempo y la preparación necesaria, más adelante, cuando sean grandes.
Antes de llegar a casa pensó en llamar a María Teresa. Hoy tenía que encontrarse, después de clases para estudiar histología y estuvo ausente. ¡Muy raro! No suele faltar sin contárselo a ella.
Al entrar a su casa sonó el teléfono. Se apresuró a atender.
─ ¿Rosalía? Dijo del otro lado la voz atemorizada de su amiga.
─ ¿Dónde estás? Replicó María Teresa.
─Te llamo desde un teléfono público. Estoy en Córdoba, en esta dirección que te paso ahora. No se lo digas a nadie. Cuando salimos de clases ayer, mi hermano Sergio me esperaba. Dijo que me estaban esperando, que no volviera a mi casa. Me entregó un boleto para que saliera de la provincia. Te cuento que me morí de frio en el ómnibus. Disculpá amiga, no puedo decirte más. Cuidate mucho. Y cortó
Pasó una semana. Al volver de clases, un auto Ford Falcon verde estaba estacionado frente a su casa. Tres hombres vestidos con uniformes militares estaban tocando a la puerta.
Entró casi junto con ellos. Le temblaban las piernas. Eran las ocho de la noche. Todos tenían anteojos oscuros y los cuellos del sobretodo levantado. Una tela negra sobresalía del bolsillo de uno de ellos. Había escuchado por ahí que a veces se ponían capuchas Todos tenían armas.
¿La buscaban acaso a ella?
Una voz grave, áspera la trajo a la realidad.
─ ¿Señorita Rosalía Sobrecasas?
─ Si, soy yo.
─ ¿Documento?
─ Si, acá tiene señor.
─ Buscamos a la señorita María Teresa Vianini. Tenemos conocimiento que son compañeras de facultad y amigas.
¿Cuándo la vio por última vez?
─ Hace dos días, tomamos un café luego de la clase de anatomía y nos despedimos. Me dijo que iría a su casa.
─ ¿Le pasó algo? Balbuceó Rosalía.
─ Está desaparecida, la buscamos a pedido de su familia. Si sabe algo de ella o se comunica con usted, háganoslo saber. Llame a este teléfono.
Cuando se marcharon los uniformados, el interrogatorio del padre de Rosalía fue más fuerte que los hombres que acababan de salir. Ante los ojos llorosos de su madre les juró que no pertenecía a ninguna organización estudiantil, ni política. Que lo único que hacía era estudiar y que su amiga, según lo que conocía de ella, tampoco tenía actividad política.
Pensó en su amiga y lo poco que sabía de ella. ¿ Sería posible que pudiera andar en algo que ella no supiera?
Si así fuera, seguramente no le confió nada, para protegerla.
Y se quedó pensando… si ahora por nada te llevan.
Los padres de Rosalía, por su seguridad alquilaron un taxi que la trasladaba a clases y la buscaba al concluir estas.
Comenzó a vivir con temor. No más salidas los sábados. No más café al salir de clases. No más idas al cine. No más amigos.
Como a la semana Sergio, el hermano de María Teresa trajo a su casa un bolso de ropa y algunos comestibles. Le pidió por favor que se lo enviara a la dirección que unos días antes ella le confiara. Dijo que él no podía porque lo estaban vigilando, además no sabía el paradero de su hermana.
─ Sólo vos sabes la dirección Rosalía. Ni mis padres lo saben le dijo. Fue la última vez que lo vio.
Si su amiga estaba en alguna cuestión política, ella lo desconocía.
La llamó a los días para agradecer la encomienda y le contó que estaba en un campamento, con amigos. Dijo que estaba bién, pero viendo de moverse de ese lugar.
No volvieron a comunicarse con ella ni Sergio ni María Teresa.
A los seis meses un amigo en común le confió que a Sergio Vianini tampoco lo encontraba su familia.
Fue allí la última vez que la habló María Teresa para decirle que ya no estaba en Córdoba, que se habían movido a otro campamento en Buenos Aires y que extremara los cuidados.
─ Te están siguiendo amiga─
─ ¿A mí? ¿Porqué? Contestó con un hilo de voz.
─ Solo cuídate Ro, por favor. Te quiero amiga. Fueron las últimas palabras de María Teresa.
Se acostó mas triste que molesta. No tenía ganas de estudiar. ¿Sería posible que su amiga no le dijera si estaba en algo que ella desconocía? ¡Si eran amigas desde jardín de infantes! No le contaría a sus padres, no los preocuparía.
A los ocho meses Rosalía fue vista por última vez, saliendo de un práctico de anatomía. Y luego alguien que no quiso identificarse dijo haberla visto en una seccional de policía.
Meses más tarde la vio un chico de Concepción, alumno de cuarto año de la carrera de medicina, en el centro clandestino de detención en General Pacheco. Este joven pudo salir del país por Bolivia.
Los padres de Rosalía movieron cielo y tierra, vendieron la casa, el auto, para localizarla. Nunca entendieron cómo pudo ser llevada a Buenos Aires, si es que ese dato era cierto.
Se murieron buscándola y en la miseria.
Su amiga María Teresa se recibió de médica. Ahora es directora de un Área de Salud en Córdoba. Quedó viuda con tres hijos en el 84. Su esposo no pudo resistir y murió de una insuficiencia cardíaca, consecuencia de la tortura a la que fue sometido.
De Sergio Vianini nadie volvió a saber.
¿Rosalía fue torturada? ¿Asesinada? ¿Dónde está Rosalía?
Los hermanos de Rosalía Sobrecasas continúan buscándola.
María Cristina Guerrero
*Datos biográficos de la autora
Nació en Lules en noviembre de 1950. Es maestra y profesora de piano. Siempre amó leer y estudiar. Es médico de familia, dermatóloga y especialista en Sistema de Salud. Se define como una traviesa del arte. Pinta desde siempre con diferentes técnicas. Asistió a talleres de narrativa con la Profesora Inés Cortón y de poesía con María Belén Aguirre y Darío Oliva. Fue miembro del Taller de Lectura Epicuro, dirigido por el Profesor Miguel Figueroa. Participó en Mundiales de escritura de Santiago Llach. Primer premio 2022 del Concurso de cuentos del taller Repentista dirigido por la Prof. Inés Cortón. Primer premio en el concurso de cuentos 2023 junto a la escritora María Lilia De La Rosa. Participa en Ferias internacionales y nacionales del libro. Publicó “Cuentos de la frágil humanidad” en 2025. Integra el taller Letras de Fuego, que dirige el Profesor Manuel Ernesto Rivas.

