A más de dos meses del crimen de Érika Antonella Álvarez, la investigación judicial avanza entre evidencias contundentes y zonas grises que todavía no logran despejarse. La fiscalía sostiene una hipótesis que agrava el escenario: Felipe “El Militar” Sosa no habría actuado solo. Sin embargo, esa línea aún carece de confirmación plena y deja al descubierto tensiones dentro del expediente.
“El imputado, con la ayuda de otras personas no identificadas hasta el momento, acabó con la vida de la joven”, planteó el fiscal Pedro Gallo. La afirmación, que marca el rumbo de la causa, contrasta con la falta de pruebas concluyentes que permitan establecer quiénes habrían intervenido directamente en el homicidio.
El recorrido de la víctima
Lo que sí está acreditado hasta ahora es el recorrido de la víctima en sus últimas horas. Érika ingresó durante la madrugada del 7 de enero al domicilio de Sosa, ubicado en Santo Domingo al 1.100, en Yerba Buena. Horas más tarde, murió tras recibir una violenta golpiza. La autopsia fue categórica: presentaba lesiones severas en el cráneo, el rostro y la zona cervical, además de una mandíbula dislocada producto de un golpe. Su cuerpo fue hallado al día siguiente en un descampado de Manantial Sur.
En el expediente ya hay cuatro imputados. Sosa, detenido en Buenos Aires cuando presuntamente intentaba abandonar el país, está acusado de femicidio. En tanto, su pareja de entonces, la empleada judicial Justina Gordillo; su amigo Nicolás Navarro Flores; y Jorge Orlando “Chicho” Díaz, empleado de sus empresas, permanecen con prisión preventiva bajo cargos de encubrimiento. Hasta el momento, los investigadores no lograron reunir elementos suficientes que los vinculen de manera directa con la ejecución del crimen.
Más personas
La hipótesis fiscal de una participación ampliada aparece, para algunos sectores, como una estrategia procesal orientada a endurecer las imputaciones. Fuentes judiciales reconocen que se trata de una línea que podría modificarse con el avance de la investigación, pero que, en su formulación actual, también compromete a quienes hoy están acusados de encubrimiento.
El expediente, además, expuso aspectos del entorno en el que se movía el principal acusado. En la última audiencia se confirmó que Sosa organizaba encuentros donde se combinaban relaciones sexuales grupales con consumo de drogas. Según declararon familiares, Érika era convocada a ese tipo de reuniones por su consumo de sustancias. Gordillo, de acuerdo con los testimonios, no sólo conocía esa dinámica, sino que también habría intervenido en la organización de esos encuentros.
Interpretaciones unánimes
Carlos Garmendia, abogado de la familia de la víctima, consideró que antes de avanzar sobre nuevas responsabilidades es necesario determinar con precisión el móvil del crimen. Incluso, adelantó que impulsarán una presentación en la Justicia Federal para investigar una posible conexión con el narcotráfico.
Desde las defensas, en cambio, hay coincidencias en un punto clave: no existen evidencias de que otras personas hayan estado presentes al momento del homicidio. Juan Pablo Bello, representante de “Chicho” Díaz, sostuvo que la participación de su defendido, al igual que la de los otros imputados por encubrimiento, habría sido posterior al hecho. En la misma línea se pronunciaron los abogados de Navarro Flores, quienes aseguran que la víctima y Sosa estuvieron solos cuando ocurrió el crimen.
Mientras tanto, el expediente sigue sumando elementos que, lejos de cerrar el caso, abren nuevas incógnitas. Las declaraciones de los imputados permitieron reconstruir algunos movimientos posteriores al asesinato. Según Navarro Flores, el cuerpo de la joven permaneció al menos hasta la noche del miércoles en la vivienda de Sosa, oculto en el lavadero. También mencionó la presencia de un “cerrajero” que habría realizado trabajos en ese sector de la casa, aunque no pudo ser identificado.
Limpiar la escena
Ese dato, sumado a los indicios de posibles maniobras para limpiar la escena y deshacerse de pertenencias de la víctima, refuerza la sospecha sobre una red de encubrimiento más amplia de la que inicialmente se había planteado.
Por ahora, la causa se mueve entre lo probado y lo supuesto. Mientras la fiscalía intenta sostener la hipótesis de una participación múltiple, las defensas buscan limitar las responsabilidades al autor material del hecho. En el medio, la investigación sigue acumulando testimonios, contradicciones y silencios que todavía no terminan de encajar en una reconstrucción definitiva.
En un caso atravesado por la violencia extrema y las posibles complicidades, la pregunta central sigue abierta: si hubo más personas involucradas en el crimen o si el encubrimiento posterior es, en realidad, el único eslabón que conecta a los demás imputados con el femicidio.


