
Actualidad / Deportes / Comentario / Por Rubén “Gringo” Suárez*. Continuamos con las anécdotas de la época dorada del motociclismo en nuestra provincia en los años 70, en la voz de uno de sus protagonistas y haciendo referencia a los grandes corredores de ese tiempo.
Era un verano del 71. La Influencia yanqui había llegado a la provincia y con ella, el Moto Cross a Tucumán. Los dirigentes querían diversificar el Motociclismo.
Nadie, era entendido en el Tema. Todos tocaban de oído, pero con muchas ganas e ímpetu y, con unos cuantos datos, se diseñó una pista en el Parque 9 de Julio. Fue detrás de la Sociedad Rural.
Era un terreno totalmente plano, al que le agregaron una camionada de tierra y un viejo macetón de 1,20 cm. de alto hecha de material.
También tenías que atravesar dos puentes, uno para vehículos y el otro peatonal. El diseño del circuito se completaba con una acequia, por donde debías circular unos 200 mts. Era de aproximadamente 1,30 mts. de ancho x 2,50 mts. de alto.
El sábado llovió todo el día y estaba suspendida la carrera. El domingo por la tarde, mejoraron las condiciones climáticas, pero no estaban ni los organizadores ni las autoridades.
Solo estaban presentes unos veinte a treinta entusiastas dispuestos a ensuciar sus motos y unos cientos de espectadores y aplaudidores.
La consigna era probar la pista, que era un verdadero desafío porque en el césped habían marcado el circuito, pero no estaba pelado el trazado todavía por el paso de las motos. Era todo, una vorágine de caídas.
Mi AV. 175cc. picara con un escape vaciado y sus pequeñas ruedas de 10 pulgadas era muy ágil en pequeñas rectas de 40 a 60 mts. y curvas donde entrabas patinando constantemente.
Todos giraban y, entre ellos, yo también. Tenía un matrimonio de casi 6 años, con mi Siambretta. Prácticamente me crié bajo su tutela. Podía hacer lo que me pidieran con la motoneta.
Nunca, ni aún en la actualidad, a pesar de mis jóvenes 76 años, llegué a sentir lo mismo con las motos, una confianza ciega. La verdad que creo que me los fumé a todos.
El lunes, casi al mediodía, llegué al Taller de “Lito” Mohamed, acompañado de un piloto muy Joven aún, que andaba fuerte, “Lalo” Solís.
Unos días antes me preguntó si yo iba a correr en Motonetas, que era una nueva categoría en el Autódromo. Nos costó convencer al Comisario Deportivo “Kutungo” Giobellina para que la habilitará.
Mi moto estaba muy estropeada. con mucho juego en el pistón, el cilindro no daba para más, el embrague patinaba en cuarta, además tenía mucho juego en la transmisión. Le dije que no, y me dijo: “te alquilo el equipo”.
Este estaba hecho por Mohamed y daba casi 135Km./h. Le pregunté cuánto y me dijo un cilindro, recién encamisado estándar. El mío no servía más. Agarré viaje. Le armé su motoneta.
El lunes, al llegar al taller de Mohamed, éste me retó, ya que yo era su alumno y no tenía que andar haciéndome el corredor, me podía lesionar.
Me dijo: “Que te haces el pícaro con todos esos muertos, ya que ninguno sabe manejar”.
Lejos de callarme, le contesté: “Y vos también. ¡Cuando quieras!”
Para qué le habré dicho eso a un caliente como “Lito”. Explotó. Encendí la mecha y me respondió: “Vamos ya”.
La pregunta era con qué.
Le dije: “Te daré ventajas. Corré con la motoneta de “Lalo” que está armada con los fierros tuyos”.
Apagué el incipiente incendio con nafta. Fuimos allí mismo al Parque. Nos pusimos en la línea y largamos, le saqué media moto. Llegué a la primera curva y me chocó pasándome por dentro.

Llegó él a la segunda y yo hice lo mismo. Ya estaban dadas las reglas y así fue durante todo el circuito. Cuando llegó el momento de entrar a la zanja yo venía adelante con una diferencia de media moto. Entré primero.
Me dije que no podría pasarme con unos 20 cm. de barro y tendría que seguirme a 6 o 7 mts. detrás. Subí y doblé primero. En el puente peatonal me encaminé para la lomada de tierra.
Ya estaba a 3 mts. me dirigí al macetón casi a la par una rueda y media detrás. Encaré un tablón de 30 cm. de ancho con un ángulo de 45° y de 230 cm. de largo aproximadamente a 40Km./h.
Como dije en alguna de mis columnas anteriores, mi mayor virtud era mi visión tridimensional. Apunté al medio. La segunda estaba enroscada a fondo. Él no cortaba y yo menos. Era a todo o nada.
Me elevé unos 4 o 5 mts. Se me cortó la respiración, en mi vida había saltado. Ese fue el primer salto y tuve la fortuna que el peso de motor estaba atrás y la moto quedó colgada en el aire. Cuando aterricé, logré parar sin caerme, creo que fue de casualidad.
Fue tan alto que se rompió el motor donde estaba el amortiguador trasero. Miré para atrás y “Lito” estaba desmayado, en el suelo.
Corrí para tratar de socorrerlo, me asusté.
Cuando reaccionó, le pregunté: ¿Por qué no cortaste? No entraban las dos motos.
Me dijo que sí, que era imposible. Le echó la culpa, al accidente que había sufrido en su vista, en el que casi pierde un ojo.
Me dijo que jamás volvería a correr.
Para mí la sensación fue como que había matado en vida a mi Maestro, Amigo y Mentor. Lo tomé de los hombros y le dije: “¡Nooo…! Vos me vendiste una moto de carrera y me dijiste que andaría muy fuerte, cosa que nadie del Motociclismo local, creía. La correrás vos, la primera carrera y recién correré yo”.
En el próximo capítulo abordaré la última carrera oficial de “Lito” Mohamed.
Esta historia está dedicada a un ser excepcional, Julio Valdivieso, ex piloto de Motocross, quien tuvo un terrible accidente y quedó parapléjico.
Me impresionaron mucho sus fuerzas para luchar, que lo transformaron en el mejor mecánico de cajas de velocidad automáticas de Noroeste. Lo conocí por medio de otro amigo especial, Sergio Bigon.
Justamente Bigon me contó un día en un asado con unos amigos, Julio Valdivieso le dijo: “lo más loco que vi en mi vida fueron dos locos corriendo Motocross sin cascos, y en Motoneta, que casi se mataron”.
Le dije sin dudarlo que habíamos sido “Lito” Mohamed y yo. Claro que “Julito” debe haber sido muy joven todavía, por eso fue su impresión.
A mí me shockeó mucho más su historia y sus ganas de vivir y triunfar en la vida. Todo un ejemplo de lucha ante la adversidad.
*Jefe de Fotografía de Diario Cuarto Poder, reportero gráfico y, según sus propias palabras, neófito del periodismo escrito.

