Más de 250 bomberos siguen combatiendo al cabo de más de diez horas el incendio declarado en la Grenfell Tower, un bloque de 24 pisos en Lancaster West (Londres) . La policía ha confirmado que hay al menos 6 muertos, aunque teme que la cifra pueda subir. “Podemos confirmar seis muertes en estos momentos, pero es probable que esta cifra vaya a elevarse durante lo que será una compleja operación de recuperación, que durará varios días”, reveló el comandante Stuart Cundy, de la policía de Londres.

Los testimonios de los vecinos y de quienes han conseguido escapar de las llamas describen escenas de horror, gente tirándose por las ventanas, gritando, pidiendo auxilio. “Estaban atrapados. No podían bajar, sobre todo desde los pisos superiores (…) la gente se quemó”, relató Daniel, a la BBC. “Lo vi con mis propios ojos. Y vi gente saltar”, añadió. Algunos testigos relataron haber visto a padres lanzar desde la ventana a sus hijos, hacia gente que se hallaba en las aceras, para salvarlos del fuego.

“Es un incidente sin precedentes. En mis 29 años como bombero nunca había visto algo de esta escala. La causa de este fuego es aún desconocida”, afirmaba esta mañana la jefa de Bomberos Dany Cotton a través de un comunicado.

Decenas de vecinos se encontraban en la calle, muchos de ellos en pijama, desconcertados. Algunos intentaban ponerse en contacto con sus familiares, todavía bloqueados en la torre.

El alcalde de Londres, Sadiq Khan, ha dicho que, a raíz de los testimonios de quienes han logrado escapar y las advertencias que habían hecho en ocasiones anteriores los vecinos sobre el estado del edificio demuestran, “surgirán muchas preguntas sobre la causa de esta tragedia y quiero asegurar a los londinenses que obtendremos todas las respuestas”. “En Londres tenemos muchas, muchas otras torres de viviendas y no podemos tener una situación en la que la seguridad de la gente se ponga en riesgo”, ha señalado Khan, que ha calificado de grave incidente”.

Varios residentes del edificio se habían quejado en varias ocasiones estos últimos años del estado del edificio y de los posibles riesgos de incendio. La última de estas quejas se había tramitado en 2012, cuando los vecinos habían llamado la atención sobre las mangueras de extinción y la instalación eléctrica de la torre, que no se habían renovado en más de un año. Algunas no habían sido ni siquiera probadas desde 2009 y el edificio sufría cortocircuitos a menudo.

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